El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, arribó este martes a México en el marco de una visita oficial de dos días, marcada por un contexto regional tenso tras un reciente ataque estadounidense en el Caribe vinculado al narcotráfico.

La visita se produce apenas horas después de que Washington confirmara un operativo letal contra una embarcación que, según las autoridades estadounidenses, zarpó desde Venezuela con un cargamento de drogas y estaría relacionada con la organización criminal transnacional Tren de Aragua. El ataque ha elevado la tensión diplomática en la región, especialmente con Caracas.

Rubio fue recibido por el canciller mexicano Juan Ramón de la Fuente en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía. La agenda bilateral se centrará principalmente en temas de cooperación en seguridad, con especial énfasis en el combate al narcotráfico y los flujos migratorios hacia Estados Unidos.

Aunque desde la Casa Blanca no se ha confirmado si se firmará un nuevo acuerdo formal, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum adelantó que se trabaja en un documento conjunto en materia de seguridad. Sin embargo, subrayó que cualquier convenio se hará “en igualdad de condiciones” y sin aceptar injerencias ni subordinaciones por parte de Washington.

Además de los temas de seguridad, está previsto que Rubio y funcionarios mexicanos discutan aspectos comerciales y migratorios. La administración Biden ha incrementado sus esfuerzos por reforzar alianzas con países clave en la región para contener el flujo migratorio y fortalecer la cooperación contra las redes criminales.

Tras su paso por México, Rubio continuará su gira en Ecuador, donde también mantendrá reuniones de alto nivel. Aunque Washington no ha hecho oficial su intención de avanzar en un acuerdo de tercer país seguro, la canciller ecuatoriana Gabriela Sommerfeld anticipó que uno de los pactos a firmar permitirá a Ecuador recibir hasta 300 personas deportadas al año desde Estados Unidos.

La visita de Rubio marca una nueva etapa en las relaciones diplomáticas con América Latina, en un contexto geopolítico complejo, con tensiones crecientes en el Caribe y una región atravesada por la presión migratoria, el narcotráfico y la búsqueda de nuevos equilibrios estratégicos.