Medio Oriente

EE.UU. completa su retirada de Irak: los desafíos de seguridad que enfrenta Bagdad

Estados Unidos retiró a sus últimos soldados de Irak y puso fin a 12 años de presencia militar vinculada a la lucha contra el Estado Islámico. Bagdad asume ahora una mayor responsabilidad sobre la seguridad del país, aunque persisten interrogantes por la actividad de las milicias proiraníes y el posible resurgimiento de células yihadistas.

1 de octubre de 2026

Soldados y fuerzas de seguridad iraquíes durante las celebraciones por la retirada de las tropas estadounidenses.

En resumen

  • Qué ocurrió: Estados Unidos completó la salida de sus últimas tropas de Irak.
  • Cuánto duró la presencia militar: 12 años dentro de la misión vinculada a la lucha contra el Estado Islámico.
  • Dónde se produjo la última salida: En una base aérea ubicada en la región de Erbil, en el norte de Irak.
  • Qué cambia: El Gobierno iraquí pasa a asumir la responsabilidad principal sobre la seguridad del territorio.
  • Principales desafíos: Las milicias respaldadas por Irán, el control de las armas y la posibilidad de una reactivación del Estado Islámico.

Estados Unidos completó la retirada de sus últimos efectivos militares de Irak con la salida de las tropas que permanecían en una base situada en las cercanías de Erbil, en la región autónoma del Kurdistán. El movimiento marca el cierre de una misión que se extendió durante 12 años y que estuvo centrada principalmente en combatir al grupo yihadista Estado Islámico.

Para el Gobierno iraquí, el retiro representa un paso importante en la recuperación de su soberanía y en el traspaso de las responsabilidades de seguridad a sus propias instituciones. Sin embargo, la nueva etapa también genera dudas sobre la capacidad de Bagdad para contener las amenazas internas y externas sin el respaldo militar directo que proporcionaba Washington.

La retirada había sido acordada dos años atrás y comenzó a ejecutarse de manera progresiva. El proceso terminó formalmente el 30 de septiembre de 2026, en un escenario regional diferente al existente cuando se estableció el acuerdo.

Durante los últimos años, Irak quedó involucrado en las tensiones entre Estados Unidos e Irán. En distintos momentos, milicias alineadas con Teherán atacaron posiciones estadounidenses, mientras Washington respondió con operaciones contra esos grupos.

Estados Unidos da por terminada su misión militar en Irak

Desde Washington señalaron que la salida se llevó adelante de manera organizada y la presentaron como el cierre de una campaña que permitió reducir al Estado Islámico como fuerza militar estructurada en Irak.

La finalización de la misión, sin embargo, no implica que Estados Unidos abandone completamente las operaciones contra la organización yihadista. La coalición continuará desarrollando su misión desde Jordania y concentrará sus esfuerzos en Siria junto con sus socios regionales y el Gobierno sirio.

La nueva etapa supone que el Gobierno iraquí asume la responsabilidad principal de la seguridad dentro de su territorio, mientras Washington mantiene una relación de cooperación en materia de seguridad.

El retiro se produce 23 años después de la invasión estadounidense de Irak que terminó con el gobierno de Saddam Hussein y abrió un prolongado período de inestabilidad. Las fuerzas estadounidenses habían abandonado inicialmente el país a finales de 2011, pero regresaron en menor número menos de tres años después para encabezar la coalición internacional contra el Estado Islámico.

Irak celebra el retiro y asume una nueva etapa

Las autoridades iraquíes recibieron la retirada como un acontecimiento asociado al fortalecimiento de la soberanía nacional. El Gobierno incluso estableció varios días festivos bajo la denominación de “Días de la Soberanía”.

El primer ministro Ali al-Zaidi presentó el retiro como el comienzo de una nueva fase para el país, basada en el fortalecimiento de las instituciones, la preparación de las fuerzas de seguridad y una mayor autonomía en la toma de decisiones.

Pese a la celebración, dentro de Irak también existen sectores que observan el cambio con cautela. Una de las principales preocupaciones es determinar si las fuerzas de seguridad nacionales cuentan con las capacidades suficientes para enfrentar por sí mismas a grupos armados y organizaciones extremistas.

Analistas citados por Reuters advirtieron que los vacíos de seguridad pueden convertirse en un factor de inestabilidad. También señalaron que la presencia de milicias que operan fuera del control directo del Estado constituye uno de los principales problemas que deberá resolver Bagdad.

Las milicias proiraníes, otro desafío para Bagdad

Uno de los asuntos más complejos para el Gobierno iraquí será avanzar en el desarme de las milicias que forman parte de las Fuerzas de Movilización Popular. Dentro de esta estructura existen diferentes facciones, algunas con vínculos y respaldo de Irán y otras relacionadas con actores políticos y de poder dentro de Irak.

El plan original contemplaba que el proceso de desarme avanzara paralelamente a la retirada de las tropas estadounidenses. Sin embargo, las conversaciones sobre el futuro de las armas continúan y el calendario previsto fue postergado.

Algunas organizaciones armadas anunciaron su intención de incorporar sus unidades a las instituciones estatales. Otras, en cambio, se han mostrado contrarias a entregar sus armas y condicionan cualquier desarme al final de la presencia y de la influencia estadounidense en el país.

El Gobierno iraquí fijó junio de 2027 como una nueva fecha límite para avanzar con el desarme. La salida de las fuerzas estadounidenses podría quitar a las milicias uno de los argumentos utilizados para justificar el mantenimiento de sus arsenales, aunque no está claro si Bagdad dispondrá de suficiente capacidad política y coercitiva para imponer el cumplimiento.

Las milicias armadas constituyen uno de los principales desafíos para el Gobierno de Irak.

Algunos analistas consideran que la ausencia de tropas occidentales podría aumentar la influencia de estas organizaciones en la política iraquí y fortalecer su presencia dentro de instituciones estatales.

Desde Kataib Hezbolá, una de las principales milicias vinculadas a Irán, la retirada estadounidense fue presentada como una “expulsión de las fuerzas de ocupación” y como un paso hacia la plena soberanía iraquí.

El temor a un nuevo avance del Estado Islámico

La seguridad en el norte del país es otro de los puntos de preocupación. En particular, la región del Kurdistán observa con inquietud la salida de los sistemas estadounidenses de defensa aérea.

Autoridades kurdas recordaron que durante el conflicto entre Estados Unidos e Irán esa región fue blanco de numerosos ataques con drones y misiles balísticos. Por ese motivo, consideran que la retirada estadounidense sin un sistema alternativo de defensa genera una situación de vulnerabilidad.

A esto se suma la actividad residual del Estado Islámico. Aunque la organización perdió el territorio que llegó a controlar durante su expansión, todavía conserva células clandestinas capaces de realizar ataques.

Funcionarios iraquíes y kurdos temen que la reducción de la presencia estadounidense pueda facilitar una recuperación de esas estructuras. El recuerdo de 2014 permanece presente, cuando las fuerzas iraquíes no lograron contener el avance de los combatientes del Estado Islámico y el grupo tomó Mosul, una de las principales ciudades del país.

Uno de los principales interrogantes de esta nueva etapa será determinar si las instituciones de seguridad iraquíes cuentan con un plan efectivo para responder ante una eventual reactivación de las células del Estado Islámico.

Una nueva relación entre Washington y Bagdad

La retirada militar no supone necesariamente el final de la cooperación entre Estados Unidos e Irak. La asistencia en materia de inteligencia y seguridad continuará siendo un elemento relevante, especialmente frente a las actividades de las células yihadistas que permanecen activas.

La diferencia es que, a partir de ahora, la responsabilidad directa sobre la seguridad del territorio recaerá principalmente sobre las instituciones iraquíes.

El desafío para Bagdad será mantener la estabilidad mientras intenta controlar a los distintos grupos armados que operan dentro del país y, al mismo tiempo, evitar que el Estado Islámico vuelva a recuperar capacidad operativa.

La salida de las tropas estadounidenses cierra así una etapa de intervención militar extranjera, pero abre otra marcada por importantes desafíos políticos y de seguridad para Irak.