Médicos Sin Fronteras (MSF) dio de alta a la última paciente confirmada de ébola que estaba internada en su centro de tratamiento de Mongbwalu, en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo. El equipo sanitario despidió a la mujer curada con canciones, baile, tambores y campanas, en una escena difundida por la propia organización y recogida por la agencia EFE esta semana. La celebración, sin embargo, no significa que el brote haya terminado: la epidemia sigue siendo una amenaza grave en el país.
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Claves de la noticia
- MSF dio de alta a la última paciente confirmada de ébola de su centro de tratamiento de Mongbwalu, en Ituri.
- La organización advirtió que ese alta no implica el fin del brote, que sigue activo en el país.
- El Gobierno congoleño informó 9.816 casos confirmados y 4.757 muertes al 24 de octubre, según los datos oficiales difundidos esta semana.
- El Congo suma 2.749 personas recuperadas desde el comienzo de la epidemia, causada por la cepa Bundibugyo.
- Según la información disponible, la enfermedad ya llegó a otros países de la región y, de manera puntual, a otros del continente.
El gesto del personal de salud tiene un fuerte valor simbólico. En un contexto de miles de contagios y de una mortalidad muy alta, cada paciente que se recupera es una buena noticia para las familias, para los trabajadores sanitarios y para las comunidades afectadas. MSF difundió el momento en sus redes con un mensaje en el que habló de momentos de alegría por la salida del último paciente confirmado de ébola del centro, ya curado.
Un brote que sigue siendo grave
La epidemia fue declarada oficialmente el 15 de mayo y está causada por el virus Bundibugyo, una de las especies del ébola. Según la información difundida por EFE, el brote afectó hasta ahora a 66 zonas de salud de ocho de las 26 provincias del país. Los datos del Ministerio de Comunicación y Medios congoleño, divulgados con corte al 24 de octubre, hablan de 9.816 casos confirmados y 4.757 fallecidos, es decir, casi la mitad de los contagiados confirmados. Un corte anterior, publicado por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), registraba 9.552 casos y 4.602 muertes hasta el 18 de octubre.
Las cifras varían según la fecha de corte y la fuente, y se refieren solo a casos confirmados por laboratorio, por lo que el impacto real podría ser mayor. En ese marco, el dato de 2.749 recuperados desde el inicio del brote muestra que la atención temprana permite salvar vidas, aunque la letalidad siga siendo elevada.
Una cepa sin vacuna ni tratamiento específico
La cepa Bundibugyo es menos conocida que la del ébola Zaire, que provocó los brotes más grandes en las últimas décadas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), su letalidad oscila entre el 30 % y el 50 %, y no existe una vacuna autorizada ni un tratamiento específico para este virus. Eso obliga a depender de las medidas clásicas de control: detección rápida de casos, aislamiento de los pacientes, rastreo de contactos, atención de apoyo en los centros de tratamiento y prevención en las comunidades y en los entierros.
En una región con conflictos armados y sistemas de salud frágiles, como Ituri, esa tarea es especialmente difícil. Los centros de tratamiento como el de Mongbwalu funcionan como una pieza central de la respuesta: allí se aísla a los enfermos, se los acompaña durante la recuperación y se evita que el virus siga circulando.
Qué puede pasar ahora
Que un centro quede sin pacientes confirmados es un paso alentador, pero el brote solo se considerará controlado cuando no aparezcan nuevos contagios durante un período prolongado. La experiencia de Uganda sirve de referencia: ese país dio de alta a su último paciente en julio y comenzó entonces una cuenta regresiva de 42 días sin nuevos casos, después de registrar 20 casos confirmados desde que la epidemia se propagó desde el Congo.
La amenaza regional, de todos modos, no desapareció. Los reportes recientes mencionan un caso notificado en Nigeria el 20 de octubre, con antecedentes de viaje a Uganda, y el primer caso confirmado de transmisión importada en Kenia, anunciado el 6 de octubre. Por eso los organismos de salud insisten en sostener la vigilancia, la capacidad de diagnóstico y la cooperación entre países.
Mientras tanto, la imagen del personal de MSF celebrando la curación de una paciente funciona como un recordatorio de que la respuesta sanitaria da resultados, pero también de que todavía queda un largo camino por recorrer antes de poder declarar el final de esta epidemia.
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