Siria festeja un año sin Assad mientras intenta superar cinco décadas de régimen y años de guerra

Resumen del escenario actual:

  • Multitudes celebran en Damasco el primer aniversario del derrocamiento de Bashar al-Assad.
  • El presidente interino Ahmed al-Sharaa llama a la unión nacional y a la reconstrucción.
  • Persisten tensiones sectarias y desplazamientos internos.
  • Israel mantiene operaciones militares en territorio sirio.
  • Economía debilitada pese al levantamiento parcial de sanciones.

Helicópteros del nuevo Ejército sobrevuelan Damasco en el aniversario de la caída de Assad.

La capital siria vivió este lunes una jornada multitudinaria marcada por la celebración: miles de ciudadanos salieron a las calles para recordar el primer aniversario del fin del régimen de Bashar al-Assad. Las escenas de festejo se combinaron con mensajes oficiales que apuntan a la reunificación de un país profundamente desgastado por más de una década de conflicto interno.

El actual líder interino, Ahmed al-Sharaa, pidió a la población “trabajar hombro con hombro” para reconstruir un territorio que arrastra las secuelas de la guerra, el colapso económico y divisiones comunitarias persistentes.

Un liderazgo nuevo con reconocimiento internacional

Ahmed al-Sharaa, presidente interino de Siria, durante un acto oficial.

Al-Sharaa, de 43 años, ha emprendido en los últimos meses una ofensiva diplomática inédita para un dirigente sirio reciente: ha sido recibido en diversas capitales extranjeras, incluida Washington, donde en noviembre mantuvo un encuentro histórico con el presidente estadounidense Donald Trump.

El mandatario, antiguo combatiente islamista y líder de una coalición rebelde, asumió el poder tras la caída repentina de Assad el 8 de diciembre de 2024, evento que puso fin a más de 50 años de dominio familiar sobre Siria.

Una transición frágil marcada por tensiones sectarias y violencia residual

Ciudadanos reunidos en la plaza de los Omeyas celebran el aniversario.

Pese al clima festivo, la etapa de transición sigue enfrentando desafíos profundos. Regiones de mayoría drusa y alauita fueron epicentro de graves episodios de violencia intercomunitaria durante este año, dejando nuevas víctimas y provocando desplazamientos internos que alimentan la desconfianza hacia las autoridades.

La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU reconoció avances iniciales, pero advirtió sobre la polarización creciente y la incapacidad de contener algunos estallidos de violencia.

Un país que intenta levantarse de una guerra devastadora

La caída del régimen sorprendió incluso a quienes lideraron el levantamiento. A finales de noviembre de 2024, fuerzas rebeldes encabezadas por Hayat Tahrir al-Sham (HTS), bajo la conducción de al-Sharaa, retomaron Alepo con una rapidez inesperada tras el desplome de las defensas leales a Assad. El avance militar continuó hacia Hama, Homs y finalmente Damasco, obligando al expresidente a huir a Moscú con apoyo ruso.

Rusia, tradicional aliada del régimen, optó por no defender militarmente a Assad, aunque mantiene presencia estratégica en la costa siria y un canal abierto con las nuevas autoridades.

Relaciones exteriores complejas y rivalidades internas

A nivel externo, al-Sharaa busca recomponer vínculos con potencias regionales y occidentales, aunque persisten tensiones notorias. Israel continúa realizando incursiones y ataques contra posiciones estratégicas dentro de Siria, argumentando amenazas de grupos islamistas en ascenso.

En el norte y noreste del país, las milicias kurdas mantienen una relación ambigua con el gobierno central, pese al acuerdo de integración firmado meses atrás. En Sweida, comunidades drusas han establecido estructuras autónomas de facto, reflejo de una fractura que aún no ha sido cerrada.

Un futuro incierto con grandes desafíos económicos

Soldados del nuevo Ejército durante las celebraciones en Damasco.

A pesar de que buena parte de las sanciones occidentales ha sido levantada, la economía sigue paralizada. Los países del Golfo han anunciado inversiones para proyectos de reconstrucción, pero la mayoría aún no se materializa. El Banco Mundial estima que levantar las zonas destruidas requerirá alrededor de 216.000 millones de dólares.

Mientras tanto, el gobierno intenta recuperar estabilidad, recobrar la confianza ciudadana y sentar las bases de un proceso de reconciliación nacional que todavía enfrenta resistencias y heridas abiertas.